ELLA
Me duele el alma
con esos dolores de parto gimiente.
Tu presencia resbala por mi piel
sin poder saberse mía.
Me quema tu indiferencia egoísta
que me lanza a la soledad
de mi nada.
Grita mi alma en silencio,
te llama este sentimiento que no se aleja de mi piel.
Aunque quisiera arrancarte
como lo hace la serpiente con su piel.
Mudar un nuevo ser sin ti
Sentirme libre
de la esclavitud de tu amor
que no me sabe amar.
Vivo y muero
al ritmo de la luz,
nazco para morir ante ti.
Se me hace eterno el segundo
en que no me haces parte de ti
y nuevamente, vuelvo a morir.
Sólo espero que el mañana
me otorgue la liberación
de mi ser,
que hoy, se encuentra atado
ÉL
Cuando el alma ha compartido
la agonía de ser uno en la entrega,
la piel tiene marcas de rosas enlazadas
tersuras de pétalos y armonía
entre agujas de dulces añoranzas.
Hasta la indiferencia tiene oasis,
lugares de cantos angelados
donde brotan caricias en espera
y se rozan impúdicas las ansias.
Los gritos de la ausencia son puñales
hilos de vidrio, abrazos de hielo
que buscan el calor de una mirada
y el inicio de fogatas invernales.
No me arranques de tu piel esclavizada
sin oír la voz que resbala por tu cuello
entre gemires de raza abandonada
y tapices de cálida ternura.
Morir, sí, pero en mi abrazo
entre murmullos de entrega
y capullos anhelantes de la fragua
hazte parte de mi, como un cardo
inunda de música esta alma.
Lo que es todo no lo llames nada,
la nada es la libertad en el viento
la verdad humana es que te quiero
y sufro de agonía por no verte.


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