jueves, 18 de junio de 2015
IE DE LA CEJA
http://www.laceja-antioquia.gov.co/Instituciones_Educativas.shtml?scrl=245&apc=lcxx-1-&scr_245_Go=2
Junio 18 de 2015. Sé que cé.
Nunca hemos estado cortos de palabras,
solo escribe con la pluma de tu corazón
y yo lo leeré desde el mío.
solo escribe con la pluma de tu corazón
y yo lo leeré desde el mío.
jueves, 11 de junio de 2015
La maldición del amor libre
La maldición del amor libre
En los años sesenta, el famoso crítico de arte de Time creyó que no había nada mejor en la vida que acostarse con “el mejor polvo de Londres”. Luego descubrió que hacerlo implicaba un sufrimiento inaudito.
Cuando yo tenía 28 años y era un australiano que vivía en el Londres de fines de los sesenta, me lancé a una aventura matrimonial que me trajo –aparte de unos episodios tempranos de gran deleite y quizá de una pequeña dosis de ilustración– la miseria más extrema y duradera que he sentido nunca en la vida.
Mi esposa se llamaba Danne: Danne Patricia Emerson. Durante mucho tiempo pensé que me era imposible existir sin ella; que no había ninguna otra mujer sobre el planeta que pudiera procurarme semejante intensidad sexual y emocional. De forma errática y episódica, ella albergaba las mismas fantasías sobre mí.
Y ahí estaba el detalle: se trataba de una fantasía mutua. Si alguna vez hubo una aleación fallida entre dos personas ferozmente inmaduras y sobrecargadas de emociones, ese fue nuestro matrimonio. Yo era tan incompatible con ella como ella lo era conmigo. El desastre resultante fue tan total que incluso ahora, 40 años y dos matrimonios más tarde, cuando pienso en el tema siento escalofríos, aunque no puedo ni quiero negar que tuvimos algunos buenos tiempos juntos, al comienzo.
Nos conocimos en una fiesta etílica en Notting Hill.
–¿Quieres conocer al mejor polvo de Londres? –me preguntó el anfitrión. Señaló luego hacia el sofá sobre el que estaba sentada, con un vaso de vodka tibio en la mano, una rubia alta de largas extremidades y de quijada cuadrada. Nos presentaron. Las cosas empezaron a hacer click, primero los piñones pequeños, luego los más grandes.
Su educación había sido católica, tal vez no tan ortodoxa como la mía, pero aún así estricta. Al igual que yo había estudiado en la Universidad de Sydney. Había sabido de mí por las revistas universitarias, había hojeado mis textos y caricaturas en Honi Soit, el periódico estudiantil, y hasta me había visto de pasada en el canal 2 de la BBC.
Ella acababa de llegar a Londres y no tenía planes particulares. Pero de más está decir que no había hecho un viaje tan largo para ser secretaria en un consultorio odontológico de mierda. Esperaba irse a Italia pronto.
Arrancamos para Venecia a las dos semanas, y menos de un mes después ella se había mudado con sus pocas pertenencias a mi apartamento de Cornwall Gardens, en South Kensington. Era un dos cuartos muy lindo, con vista a la plaza, donde los árboles se veían pelados a causa del invierno.Salvo para comprar comida y recoger el correo, o para ir ocasionalmente al cine o al teatro, ninguno de los dos salió mucho a la calle en los dos primeros meses de 1967. Andábamos ambos en un celo permanente, en una suerte de trance erótico: de ahí que lo primero que compré para el apartamento fuese una cama king size.
También cometí un gran error. En medio de una conversación sobre la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad, de bocón dije que no creía que hubiera razones para casarse, a menos que uno pensara en tener hijos. Unas semanas después Danne anunció que no le llegaba la regla. Para febrero no cabía duda de que estaba embarazada.
Que yo supiera, sólo una vez antes había dejado embarazada a una mujer, y lleno de temblores culpables pagué por el aborto; pero en este caso no dudé que debíamos tener el hijo. Sentí un orgullo irracional, como si en realidad hubiera logrado algo de valor. Y Danne, apenas se convenció de que yo sí quería tener un hijo suyo, se puso radiante. Las aristas duras, el escepticismo, todo eso parecía haberse esfumado.
Para mi asombro, ella se había puesto sentimental al respecto. Dado que el temor de la preñez ya no existía, hicimos el amor con todavía más hambre y desparpajo que antes, en lugares que nunca habíamos ensayado, la mayoría claramente incómodos: en la última fila del cine, en el asiento de atrás de un taxi.
Yo nunca antes había sido de veras responsable de alguien en ningún sentido. ¿Que estaba demasiado joven para casarme? Desde luego que no, me dije; tenía los mismos 28 años de mi hermano Tom cuando él se casó. (Su primer matrimonio ya para entonces era un fracaso, pero el de Danne y yo, me dije, ni le iba a pasar lo mismo ni le podía pasar.) Era mi turno de ser un hombre de verdad como Tom.
El bebé, un niño robusto, nació el 30 de septiembre de 1967, cuatro meses después de nuestro matrimonio. Hechos a un lado los nombres convencionales, le pusimos Danton, como el revolucionario francés. Danne no había oído hablar de Danton (lo suyo nunca fue la historia, y para inspirar su respeto o despertar su interés, un político no podía ser un blanquito dieciochesco, sino que tenía por lo menos que ser negro e ir armado con una AK 47).
Contratamos a una niñera siciliana, Diletta Vollono, y nos mudamos a un apartamento más grande en Park Road, al lado de Regent’s Park. Tenía sala, comedor, cuarto de niños, tres alcobas, tres baños y una cocina inmensa equipada como la de un antiguo barco de vapor. El arriendo eran 700 libras: una ganga entonces, inimaginable hoy.
jueves, 4 de junio de 2015
instantes
Tus instantes sumados a mis instantes
colman los instantes de instantes inolvidables
para aquellos instantes en que el recuerdo
del placer y el amor vivido
como una luz que atraviese mis pupilas
con tu silueta alentarán los instantes presentes.
miércoles, 3 de junio de 2015
MIENTRAS QUE…
Mientras hay
quienes exhiben un seno postizo y un abdomen plano con orgullo,
hoy prefiero
enorgullecerme de mi vientre fecundo.
Mientras algunas buscan ser 90 60 90
hoy me siento
feliz de ser X 114 X.
Mientras otras
prefieren la mentira,
de la adulación
tras la pantalla en internet,
hoy prefiero la patadita juguetona
y la alegría de mi
bebé en mi vientre.
Mientras que
otras prefieren ser gerentes de grandes empresas,
hoy prefiero ser dueña de mi vida y el tiempo
con mi familia.
Mientras otras
eligen que su vientre solo sea placer,
hoy elijo que también sea vida que me haga
renacer.
Mientras otras
prefieren lucir marcas, anillos y joyas
hoy prefiero
lucir que orgullosamente soy madre.
martes, 2 de junio de 2015
A VECES TE OLVIDO
"A veces te olvido, quizá por unos días, quizás semanas o hasta un mes, pero siempre, de una manera u otra, vuelves a mi mente".
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