martes, 28 de enero de 2014

TRAS LA CORTINA

Tras la cortina de mis palabras, el viento gélido descorrió la capa de lana cruda y apareció el lobo. Rastrillando los colmillos contra la cáscara de tus pulmones, te obligó a doblar el arco de tu espalda como los durmientes de una ventana colonial. Era yo quien mordía, pero eran tus gruñidos los que me disuadían de ...abandonarte en medio de la floresta. Tu mirada era la amenaza; mis ferocidades, tu placer.gemido. Mas tarde te robe un trozo de memoria para que pudieras volver a tenerme en aquellas noches de mi triste lejanía. Deja que ahora escriba poemas tu lujuria, deja que mi vampira sed te posea; estarás de vuelta doblegado a mi cuerpo, en el mismo paisaje, a la misma hora...
 
Preguntaste a bocajarro quién era la fuente de inspiración. No pude contestar a la evidencia. Acaso no te reconocías en alguna palabra. Compara tu desnudez con mis palabras hechizadas y la sumatoria es el rostro de la luna al cuadrado dividida entre tus pliegues secretos. Sacerdotisa de rituales incompletos, si debe ...s usar tus labios para lo obvio, levanta los brazos al abrazo y déjame "desdudarte" para siempre.
 
Aletearon tus párpados y despertaron huracanes furibundos que acometieron mis poros e incendiaron mis mares interiores. Náufrago tuyo, nadé hasta tus bordes y me rendí. En mi cabeza retumbaba la glosa discursiva de la marea. Cubriste mi rostro con tus labios y te embarcaste en mi cascarón vacío. Luego, usándome como tambora, tocaste un son de africanos tristes.
 
Entonces, tornaron la palabras: fuertes y sonoras. Hice con ellas una pelota de trapo y las arrojé al fuego. Entendí que para devorar a alguien tan real como tú no hacían falta letras y metáforas, sino el ejercicio de los músculos, la crispación de los nervios y unas manos vibrantes de deseo. Te aprendí completa como si fueras una lección para el recuerdo.
 
De pronto descubrí que las palabras seguían encarcelando mis pensamientos y callé... Quise esconderme dentro de una concha de caracol marino para alejarme de la sociedad, pero cuando me estaba acomodando para encorvarme por varios cientos de años, me encuentro con tu mirada que me hace una llave al cuello y me derrumba sobre tu piel.

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