jueves, 13 de noviembre de 2014

Tentación

La lluvia se confunde con mis lágrimas.
Callo con el más exquisito silencio,
la angustia y el deseo piden saber de ti.

Ahogada en un muro de distancias infinitas
entre tus manos y mi cuerpo
entre tu voz y mi corazón que te reclama.

Dos corazones unidos por la adversidad del destino,
la verdad que se oculta entre palabras
que tejieron el dolor que hoy emana de mi piel.

Olvidar no es tan fácil como comenzar a amar,
el dolor de haberte amado es lacerante
comparado con los infinitos instantes de amor vividos.

Ya no estarás en mi camino
porque así lo he decidido
tantos recuerdos de locura, de aventura, de roces
de caminos andados juntos.

La despedida que esperaba el retorno
horas, días y segundos.
Horas vacías porque no habitas los instantes
que jamás volverán.

La ausencia que no logró alejarte de mí,
ausencia que quema por dentro,
ese deseo de unirme a través de tu voz.

Tal vez es mejor nunca empezar
 para no tener que olvidar,
los finales son siempre los mismos,
dolor profundo que lacera la vida
y le roba el sentido a la inmensidad
de una vida que se tira a la calle
como una moneda sin valor.

Los comienzos son la manzana que Adán
mordió al precio de perder el paraíso.
Comienzos que retan los sentidos,
los estribos y la más firme voluntad
que muere ante unos labios que colmen
de placer en la piel.




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