Ahora no sólo eres dueño de mi piel
que te llama a gritos,
eres el dueño absoluto de mis recuerdos,
de mis instantes, de mi pensamiento
que no hace otra cosa más que extrañarte.
Mirarme tan ajena para ti
y al tiempo tan tuya como de nadie.
En ti se conjuga la locura
que me lleva al límite de mi cordura.
Dejarte ir,
es lo que no sé cómo haré.
Temo a ese momento,
en que tu corazón se tan dueño de mi vida
que la única razón que eres tú, desaparezca;
así como llegaste, sin avisar, aunque te esperaba desde siempre.
Quién me diría que tú, un extraño más
me robara la conciencia al amarte tanto.
No hay comentarios:
Publicar un comentario